Se acababan los días de las
cruces de la india milenaria, los chicos del hombre de acero con sus hoces y
martillos amenazaban la capital del imperio…
El frustrado pintor que hizo carrera política había prometido un milenio de paz, ahora jugaba con
su perro pensando en su despedida. Sus hombres de confianza buscaban su propia
despedida en un caramelo del sueño o un pasaporte falso.
Otros quemaban sus uniformes y
libros, mucha gente quería despertar de aquella pesadilla que había comenzado
hace unos años y solo había dejado
muerte y destrucción… las cenizas lo
inundaban todo.
josesabiouvm14@gmail.com
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